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La mente se entrena. Destrezas psicológicas implicadas en el rendimiento de la escalada

¿Sabías que es posible entrenar la mente para la escalada en todas sus modalidades? En este artículo nos hacemos eco de una entrada publicada por Inma Garrido y que nos parece muy interesante a la hora de enfrentarse ante el reto de escalar una pared:

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“Al igual que el físico, la mente también se entrena. Aunque lo más común y conocido por todos es el miedo a las caídas como factor psicológico más limitante en el caso de la escalada, existen otras destrezas o habilidades psicológicas cuya influencia en nuestro rendimiento deportivo es mayor de lo que pensamos habitualmente.

Pero, ¿que son estas destrezas psicológicas? Esto son conceptos que todos hemos escuchado en alguna ocasión o conocemos, pero ¿sabemos realmente en que grado están afectando a nuestro rendimiento?, ¿sabemos como mejorarlas, potenciarlas o desarrollarlas? Se trata de habilidades psicológicas que ayudan al deportista a auto regular los estados psicológicos o a desarrollar y/o mejorar competencias que pueden influir positiva o negativamente en su rendimiento.

Bien como he comentado anteriormente, independientemente de la modalidad de escalada que se practique, las destrezas psicológicas más relevantes son las siguientes:

-Control de la activación o regulación del ‘arousal’: El ‘arousal’ se refiere a la activación psíquica, fisiológica y motora, determinada por la motivación o el estrés. Por sí no es ni positivo ni negativo, aumenta cuando realizamos una actividad placentera así como cuando se está inmerso en una situación amenazante o preocupado por algún error.

Cualitativamente, la respuesta fisiológica de activación, no varía con independencia de la fuente que la provoque (motivación o estrés). Sin embargo, la respuesta cognitiva es diferente. Cuando está presente la motivación, predominan pensamientos, creencias y actitudes caracterizados por el interés, el deseo y el reto por los objetivos deportivos o sus consecuencias, o relacionados con el placer y la satisfacción de realizar la actividad; pero en presencia de estrés, la activación cognitiva se relaciona con la incertidumbre de la situación, el miedo a fracaso, el temor de la evaluación social, etc.

El nivel de activación influye en dos aspectos de nuestro rendimiento deportivo: en la toma de decisiones, y en todos los procesos cognitivos subsiguientes que derivan de la toma de decisiones, como la atención; y en la ejecución motora, afectando a la tensión muscular o a la coordinación.

De esta forma, su control es una habilidad fundamental cuya clave se haya en determinar los niveles óptimos (de ‘arousal’) de cada cual y para cada situación ya que, por ejemplo, no demanda el mismo grado de activación una vía de deportiva que una vía sin equipar.

-Autoconfianza: se refiere a la seguridad o confianza de los deportistas para hacer frente a las demandas de la vía a la que se enfrentan, de la competición o del entrenamiento. Tiene que ver con la percepción de control que tenemos ante la actividad que vamos a desarrollar.

Equivale a la suposición de que el éxito se va a producir, y estas expectativas, a su vez crean unas sinergias positivas que facilitan la concentración del escalador, influyen en los objetivos, activan emociones positivas, hacen que aumente el esfuerzo y afectan a la actitud en la escalada.

-Concentración o control emocional: se trata de una variable decisiva, para detectar e interpretar las demandas de cada situación y tomar las decisiones oportunas. El funcionamiento atencional de los deportistas depende de su nivel de activación (a mayor activación, mayor estrechamiento del enfoque atencional, en la escalada atenderíamos a menos presas, por ejemplo), su habilidad para atender a los estímulos más relevantes en cada momento (si solo atendemos a la distancia entre los parabolt, nuestra respuesta será el miedo), y su habilidad para controlar las interferencias atencionales (cuando por ejemplo estamos más pendientes de la gente que tenemos debajo).

Atender a las señales pertinentes del entorno con el foco atencional adecuado en cada caso y mantenerlo el tiempo necesario que dure la escalada se ve influenciado por aspectos como: la atención a sucesos pasados normalmente negativos (como la caída siempre en el mismo paso);  a sucesos futuros evidenciando una preocupación por la consecuencia  de las propias acciones; la atención a demasiadas señales a la vez (como que haya mucha gente mirando) o el excesivo análisis de la mecánica corporal con el consecuente enlentecimiento de las acciones.

-Motivación: Es considerada una de las variables más importantes, por su incidencia en el compromiso de los deportistas con su actividad, y con ello en sus conductas de adherencia al entrenamiento, persistencia y tolerancia a la adversidad. Es el motor de la acción.

Se refiere al grado de interés del deportista por su actividad y/o consecuencias de todo tipo que genera esta. Sin ella es imposible que se mejore el rendimiento deportivo. Es fundamental que el entrenador o el propio deportista busque estrategias que le ayuden a mantener e incrementar la motivación durante toda la temporada. Hay que tener presente que a lo largo de una temporada el grado de motivación que los deportistas tienen fluctúa considerablemente.

“Es necesario bailar cada día,  aunque sea con el pensamiento”

  RABÍ NACHMAN DE BRESLAU

No olvidemos que los deportes de resistencia y mas en concreto la escalada, se fundamentan en entrenamientos que suelen ser físicamente bastante exigentes y, además, se realizan al aire libre, lo que intensifica su dureza por las condiciones climatológicas. Establecer objetivos de forma individual o colectiva ayuda a mantener la motivación al más alto nivel durante toda la temporada y a favorecer un alto compromiso en los deportistas.

-Visualización: Esta es mi preferida. La práctica en imaginación, llamada también visualización o ensayo mental, es una habilidad psicológica que consiste básicamente en reproducir mentalmente con la mayor aproximación en cuanto a detalles, viveza o realismo se refiere, una acción o serie de acciones en ausencia de estímulos externos, cuyos efectos pueden incidir en varios ámbitos tanto psicológicos (concentración, autoconfianza, control emocional), como físicos (entrenamiento de técnicas concretas), y en el caso de la escalada, en el de la mejora del rendimiento por su incidencia en el marco táctico-estratégico.

En concreto, los deportistas deben aprender a imaginarse situaciones reales, con amplitud y claridad necesarias para contemplar todos los estímulos relevantes; incorporando todos los sentidos (vista, oído, gusto, tacto, olfato y el propio movimiento corporal) que, en cada caso particular, sean apropiados para reproducir mejor la situación real, y preferiblemente, aunque no es imprescindible, desde una perspectiva interna (similar a la que tendría el deportista en una situación real) en lugar de externa (en la que el deportista sería un espectador que se observaría, a sí mismo, como si fuera otra persona). Su trabajo puede traer efectos positivos en distintas áreas como: la concentración, la confianza y el control de respuestas emocionales.

Autores como Goleman D., Boyatzis R. y McKee A. señalan que la visualización detallada activa los mismos circuitos neuronales que se ponen en marcha cuando estamos realmente implicados en la actividad en cuestión. Es decir, la visualización mental de una determinada secuencia contribuye a fortalecer los nuevos circuitos cerebrales. El cerebro se cambia asimismo. Los cambios en el cerebro tienen lugar tanto por gimnasia física como por gimnasia mental.

En el caso de la escalada “visualizar es leer la vía”, y para saber leer correctamente hay que saber visualizar.

-Feedback cognitivo-conductual: Se trata de la integración de la información percibida durante nuestra escalada o ejecución deportiva a nuestros esquemas cognitivos con el consiguiente re-ajuste de objetivos, toma de decisiones, ejercicios de entrenamiento, técnicas de ejecución, etc. Para esto es imprescindible conocer el sistema atribucional que utilicemos a la hora de evaluar los resultados de nuestra ejecución.

Es decir, cuando escalamos una vía y nos caemos una y otra vez en el mismo paso es frecuente escuchar atribuciones a estas caídas como los pies de gato no son los adecuados, la roca está húmeda, hace demasiado calor, etc. Esto son atribuciones externas a nuestra caída, así difícilmente aprenderemos. Sin embargo, independientemente de que estas causas sean reales, si buscamos atribuciones internas, es decir, que factor de nuestro comportamiento se puede ejecutar mejor para realizar el paso, probablemente mejoremos nuestra escalada.

Buscar atribuciones internas nos ofrece información muy valiosa sobre el establecimiento de objetivos, es decir, si nuestro objetivo está muy por encima de nuestro nivel; sobre la técnica que estamos utilizando para resolver el paso o sobre el nivel de entrenamiento por exceso o por defecto, entre otras cosas.

De esta forma, poner a punto la condición psicológica conlleva conocer y evaluar aquellas destrezas que sea necesario fortalecer para la integración dentro del plan de entrenamiento de las técnicas apropiadas que controlen estas destrezas.”

 Inma Garrido

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